Hace casi un año que este blog nació sugerido por la duermevela de la madrugada. No fue más que un impulso loco. Tras un tiempo de maduración lleno de altibajos, surge ahora la necesidad de un espacio más “adulto”, más trabajado, en el que la autora se tome en serio, diariamente, el compromiso que Chinches supuso para consigo misma.
A todo aquel que se anime a meter la naricilla en esas partes fragmentadas que consigo sacar a trompicones fuera de mí, les espero en
(orto)graphías de un autorretrato

casco viejo
viejos sentimientos se
emponzoñan huelen mal
al albor de la luna
tímida
escupe
risas que no encuentran
seno
inerte y vacío
tragos de gloria fumada
en noches de discordia
cuándo es la pregunta
nunca es la respuesta
mañana es la hipótesis
y mientras tanto
grafito
pinto mis gritos en
papel amarillo y
grito
quiero sentir
sin miedo y sin vale
de descuento
vamos allá
no pienses que el querer
se obtura* en el saco
del olvido
tan fácil como decir
2 años
dos años han pasado
y quisiera volver a ese
limbo en que las piernas
no siento dolor al
contacto con los cráneos
sin quererlo aquí estoy
marchita desdoblada y
derramada en papel a
cuadros por no saber
perdonar
olvidar
*alcohol como sustancia (de)generadora de nuevas acepciones para términos existentes.
Piii. Piii. Piii. Tardó unos segundos en darse cuenta de que le había colgado, e hizo lo mismo. Cerró la boca, se tragó las palabras. Se rascó la ceja izquierda hasta que le empezó a picar la nariz. Se frotó la nariz hasta que llegaron las lágrimas. Ya no le quería. Su voz había sonado lejana, como si tuviera que atravesar siglos de tabiques hasta taladrarle el oído. Trató de concentrar de nuevo su mirada nublada en el microscopio. Los protozoos eran mucho más sencillos que las mujeres.
Al doblar el recodo se encontró inesperadamente con Cristina. ¡Estaba tan guapa! Algo en su expresión le desconcertó, aunque al principio no supo distinguir bien el qué. Sólo cuando ella hizo las debidas presentaciones se dio cuenta de que había un chico, otro chico, cogido de su mano.