Chinches en el Espejo

noviembre 7, 2008

Menudencias

Filed under: Propio,Relatos — chinchesenelespejo @ 5:04 pm

MENUDENCIAS[1]

 

Ya no importa que no estés conmigo: lo terriblemente doloroso es tragarse todo aquello que te quedaste sin saber. Puesto que si te sigo queriendo o no es algo sobre lo que no hay duda –lo gritan mis ojos al perseguirte de memoria los labios–, hoy, de nuevo frente a la casa de tus padres, voy a hablar de menudencias.

Te quedaste sin saber que en realidad yo no soy de las que remolonean en la cama, y que fingía pereza sólo por estirar en el tiempo la protección de tu abrazo. Que en realidad no me molestaba tanto que hablaras alto por teléfono, ni que abrieras la puerta con esos rabiosos giros de la llave que anunciaban tu más pura esencia. Nunca te diste cuenta de que, cuando volvías después de haberte ido, tus pijamas habían mudado de olor. Por cierto: que las cosquillas también las fingía.

Te quedaste sin saber que antes de conocerte el té no me gustaba; más aún, que muchos de mis actuales hábitos están irreversiblemente empañados de ti. Te quedaste sin saber que, aún hoy, no puedo pintarme los labios sin recordar cuánto te gustaba arrancarme el carmín, ni puedo sonreírle al espejo sin descubrirte espiándome desde el ángulo inferior izquierdo. Que he dejado de ponerme la ropa que no me hubieras regalado tú.

Te quedaste sin saber que lo de irnos a vivir juntos me pareció muy precipitado, pero que me entusiasmé contigo por miedo a que se condensase y esfumara aquel vaho que exhalaban nuestros cuerpos retorcidos. Nunca te llegué a decir que la parte de tu cuerpo que más me gustaba no era tu pelo recio –por más que lo acariciara, apoyada la cabeza en mi regazo–; ni tu espalda –por más que dibujara en ella contornos imposibles con el dorso de la lengua–; ni tu sonrisa, ni tu mirada, ni tus glúteos, ni tus brazos. Eran esas manos de guitarrista, grandes pero esbeltas, marcadas por tus bolígrafos y mis gatos, por amoldarse con sumisión, ternura, rabia y exigencias a las convexidades de mi cuerpo titilante.

Te has quedado sin descubrir que valgo mucho, mucho más de lo que aparento. Te has quedado sin verme reír libre, y sin pasear a orillas del Danubio conmigo. Te has perdido las cruentas luchas contra mí misma por tratar de olvidarte y los lametones de animal magullado –pero feliz– tras cada pequeñísima victoria. Te has quedado sin saber que sobre los tejados de Madrid llueve más bonito en primavera; que no siempre que digo “vale” quiero decir “sí”, ni siempre que digo “no” es una negativa. Nunca has sabido que cuando nos peleamos en la Nochevieja del 99 rompí todas las copas de la vajilla de mi hermana Ángela, una tras otra, y después los platos hondos, uno por uno, y que incluso llegué a atacar los platos llanos antes de que mi tío Pedro y mi padre pudieran pararme. Te has quedado sin saber que mi madre sufrió por tu culpa casi más que yo, y que te quiso también un poquito. Te has quedado sin ver que there’s a black in charge of the States! y sin comprobar que el mundo sigue tan jodido como siempre.

Te has quedado sin saber que me comí con patatas todos mis principios y que, casi en la treintena, he empezado a jugar a la ouija para que alguien me engañe y me diga que desde umbrales ignotos estás intentando contactar conmigo.


[1] Texto inspirado por la canción Todo lo que no de L-KAN.

 

 

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1 comentario »

  1. Se me cae la lagrima…

    Menudencias

    Comentario por Oier — noviembre 9, 2008 @ 8:35 pm | Responder


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