Chinches en el Espejo

febrero 4, 2009

A.G.T. (3ª parte)

Filed under: Fragmentos,Propio,Relatos — chinchesenelespejo @ 11:54 pm

no sabe cómo se llama pero teniendo en cuenta que le está haciendo una exploración ginecológica a fondo se le antoja primordial asignarle un nombre. pablo está bien. hace ya cuatro noches que lo conoce, pero cómo se llame ha tenido, hasta aquel momento, 0 importancia. han compartido migajas de soledad y eso es lo único que cuenta. pero ahora, ahora… ahora sí, ahora lo está empezando a sentir, ahora su cuerpo está empezando a recordar, no se acordaba, también el cuerpo tiene memoria y el suyo la tenía atrofiada, ahora sus caderas parecen cobrar vida y no sabe de dónde la están sacando pero serán las ansias, esa vitalidad fugaz que experimenta no será más que producto de las ansias. a traición, mientras dormía. menudo sablazo la ha sacado del séptimo cielo, el más dejado de la mano de dios. se le está clavando un cartón en el culo, pero no quiere parar, no, no, dice, no pares, no, que dure, que dure. le dan ganas de reír, porque la punta del cartón está rozando ya límites de osadía peligrosos, pero se limita apretar con más fuerza la camiseta de pablo, y se aventura a rozarle la piel con la palma de la mano. descubre que está cubierta de un vello muy suave, muy fino, muy agradable. le clava las yemas y él lo debe de interpretar como un signo de apremio porque empieza a empujar con más ahínco y a hacer más ruido al respirar. ella no, ella permanece silenciosa, se concentra en sentir. prueba a arquear la espalda y apoya las palmas de las manos en el cristal. el frío la penetra a través de las puntas de los dedos y le hace estremecerse. abraza con fuerza la cabeza de pablo y la nariz se aventura a adentrarse entre sus cabellos. a pablo le huele el pelo a sucio, pero a ella le huele a gloria, y gloria a pablo también, porque se anima a besarla. es torpe pero es tierno. parece querer engullirla y ella siente cierta claustrofobia, pero le gusta sentir. envuelve con sus piernas la espalda de pablo y de pronto siente más, más, mucho más, y se da cuenta de que antes no estaba sintiendo nada. sin previo aviso su respiración la desenmascara y pablo sonríe, aunque gloria no lo ve. cómo empuja, mira mira cómo empuja, oye, y se da cuenta de que ésa es una voz intrusa. gira la cabeza y ve un móvil, enfoca y ve una mano, desenfoca y ve por fin a un joven con barriguita vestido con una sonrisa de muchos dientes y con un traje de security. a su lado aparece de repente un segundo guarda, igualmente con dientes pero sin barriguita dentro de su traje. mira, mira, joder, cómo empuja, tío, sácales, sácales, y en cuanto llegues a casa pal llutú eh pal llutú. gloria no sabe qué es eso del llutú y desde luego preferiría no tener espectadores pero sí, sí, sigue, pablo, sigue, por favor, por favor, ahh, ahh, ahhhh. míralos qué cabrones, ahora resulta que los sintecho follan más que los contecho, jajaja! ahh, ahhh. qué perra la tía, cómo le gusta, ojalá mari estuviera tan dispuesta, jajaja, qué no? dale ahí, venga, con ganas! estás grabando? pablo no parece enterarse de nada, sólo escucha su propia respiración y no ve más que el vaivén de los pechos de gloria a cada embestida. de repente siente que me voy, que me voy, y gloria también se va, se va, se va, y se van los dos juntos a un lugar interespacial donde las voces de los guardias de seguridad no son más que un zumbido, pero el Pecado les expulsa del paraíso y eva y su adán se dan con la cabeza en el duro suelo de falso mármol del gran teatro del mundo. pablo se desencaja de la gloria y está dormido antes de aterrizar sobre su parte del cartón. gloria queda unos segundos petrificada tratando de que la respiración se le acompase mientras la vida se le escurre entre las piernas, la vida que su cuerpo ya está comenzando a olvidar de nuevo. esa noche sueña que duerme en un palacio en el que hay almohadas.

A.G.T. (2ª parte)

Filed under: Fragmentos,Propio,Relatos — chinchesenelespejo @ 10:25 pm

La mañana que nos ocupa, Antonio González Trujillo ha entrado a trabajar a las 9. Cuando le toca ese turno le gusta estar en la cafetería Mirador Dalí a las 8:30, para poder degustar el Diario ABC y el café con porras con perfecta parsimonia (ceremonia ineludible, puesto que es rara la vez en que el desayuno casero resulta totalmente de su gusto). Antonio da siempre un primer mordisquito de ratón a la porra que sujeta con la mano derecha, cuyo dedo meñique señala invariablemente al techo. Seguidamente, la introduce en la taza y deja que se empape de café durante 3 segundos y medio. Mastica con fruición al principio, y más despacio a medida que la porra va menguando entre sus dedos. Todo esto, por supuesto, sin apartar la mirada de su lectura más de lo estrictamente necesario.

A.G.T. ha conseguido dotar a su cubículo laboral de ciertas acertadas pinceladas con color a hogar: junto al aparato de vídeo reposa una fotografía de Antonia y él el día de su enlace. La estampa le sirve a Antonio de recordatorio diario para que se esfuerce en conservar la figura gallarda de su juventud. Así, todas las noches, antes de la cena, sin importar cuán cansado esté, sin importar cuán ardua haya sido la jornada, Antonio González Trujillo hace 300 abdominales en series de 25, en diferentes posturas para trabajar desde los superiores o los inferiores hasta los laterales. Después se pega una ducha relajante y se sienta a la mesa, donde Antonia lo espera con la comida pendiente de un cazo; que también su mujer recupere siquiera parte de su antigua gracilidad es algo que hace tiempo ha dado por imposible. Asimismo, de la pared derecha cuelga una fotografía de A.G.T. en la mili, junto con algunos compañeros; de la izquierda, un poco afortunado retrato a carboncillo de Rocco, el mastín que partió de su lado hace dos años, tres meses y veintisiete días.

Para las 2 del mediodía Antonio ha visionado ya media cinta de una de diez horas de grabación. Ha salido del pequeño cuarto para hacer dos descansos de diez minutos cada uno, en los que ha fumado cuatro cigarrillos. Ha estado notando que, sin poder evitarlo, su nivel de rendimiento ha disminuido de forma considerable, pero es que no ha ocurrido nada mínimamente interesante desde hace tres horas y media, cuando una mujer se ha quedado encerrada en el cajero automático y no ha parado de extraerse mucosidades nasales –con un sorprendentemente largo dedo índice izquierdo– hasta que otro cliente de la entidad bancaria ha conseguido abrir la puerta desde fuera.

Sin embargo, el minuto siguiente trae una sorpresa debajo del brazo, y a A.G.T. se le tensan mucho las cejas; primero de extrañeza, después de sorpresa al comprender. Comienza a secársele la boca, y los labios palidecen bajo innumerables y diminutas grietas. Unos instantes después, mientras la mandíbula se le desencaja progresivamente, la mano derecha, la mano experimentada, busca y encuentra y desabrocha el cinturón de seguridad de su entrepierna. La garganta emite un ronco y tenue sonido.

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