Chinches en el Espejo

febrero 4, 2009

A.G.T. (2ª parte)

Filed under: Fragmentos,Propio,Relatos — chinchesenelespejo @ 10:25 pm

La mañana que nos ocupa, Antonio González Trujillo ha entrado a trabajar a las 9. Cuando le toca ese turno le gusta estar en la cafetería Mirador Dalí a las 8:30, para poder degustar el Diario ABC y el café con porras con perfecta parsimonia (ceremonia ineludible, puesto que es rara la vez en que el desayuno casero resulta totalmente de su gusto). Antonio da siempre un primer mordisquito de ratón a la porra que sujeta con la mano derecha, cuyo dedo meñique señala invariablemente al techo. Seguidamente, la introduce en la taza y deja que se empape de café durante 3 segundos y medio. Mastica con fruición al principio, y más despacio a medida que la porra va menguando entre sus dedos. Todo esto, por supuesto, sin apartar la mirada de su lectura más de lo estrictamente necesario.

A.G.T. ha conseguido dotar a su cubículo laboral de ciertas acertadas pinceladas con color a hogar: junto al aparato de vídeo reposa una fotografía de Antonia y él el día de su enlace. La estampa le sirve a Antonio de recordatorio diario para que se esfuerce en conservar la figura gallarda de su juventud. Así, todas las noches, antes de la cena, sin importar cuán cansado esté, sin importar cuán ardua haya sido la jornada, Antonio González Trujillo hace 300 abdominales en series de 25, en diferentes posturas para trabajar desde los superiores o los inferiores hasta los laterales. Después se pega una ducha relajante y se sienta a la mesa, donde Antonia lo espera con la comida pendiente de un cazo; que también su mujer recupere siquiera parte de su antigua gracilidad es algo que hace tiempo ha dado por imposible. Asimismo, de la pared derecha cuelga una fotografía de A.G.T. en la mili, junto con algunos compañeros; de la izquierda, un poco afortunado retrato a carboncillo de Rocco, el mastín que partió de su lado hace dos años, tres meses y veintisiete días.

Para las 2 del mediodía Antonio ha visionado ya media cinta de una de diez horas de grabación. Ha salido del pequeño cuarto para hacer dos descansos de diez minutos cada uno, en los que ha fumado cuatro cigarrillos. Ha estado notando que, sin poder evitarlo, su nivel de rendimiento ha disminuido de forma considerable, pero es que no ha ocurrido nada mínimamente interesante desde hace tres horas y media, cuando una mujer se ha quedado encerrada en el cajero automático y no ha parado de extraerse mucosidades nasales –con un sorprendentemente largo dedo índice izquierdo– hasta que otro cliente de la entidad bancaria ha conseguido abrir la puerta desde fuera.

Sin embargo, el minuto siguiente trae una sorpresa debajo del brazo, y a A.G.T. se le tensan mucho las cejas; primero de extrañeza, después de sorpresa al comprender. Comienza a secársele la boca, y los labios palidecen bajo innumerables y diminutas grietas. Unos instantes después, mientras la mandíbula se le desencaja progresivamente, la mano derecha, la mano experimentada, busca y encuentra y desabrocha el cinturón de seguridad de su entrepierna. La garganta emite un ronco y tenue sonido.

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