Chinches en el Espejo

febrero 24, 2009

Mi abuelo, por facetas

Filed under: Propio — chinchesenelespejo @ 11:14 pm

 

(enumeradas sin más orden ni concierto que el de mi propia imaginación)

 

1.        El olor: mi abuelo olía a limpio, a aseado, a afeitado y a planchado. Olía a piel tersada a base de caricias. Mi abuelo olía a edad, olía a alma hastiada, podrida, de tanto esperar su hora.

2.        La prestancia: mi abuelo tenía facha, e incluso el aire compasivo conservaba dibujada la forma de sus hombros jóvenes, erectos. Mi abuelo tenía altura y peso en los huesos. Mi abuelo tenía la barriga cobarde, metida hacia adentro.

3.        Los andares: mi abuelo tenía los andares perezosos de quien precisa de quietud para conversar tranquilo. Tenía los andares pensativos impulsados por las manos a la espalda. Mi abuelo tenía el caminar lento pero seguro; nunca tembló la moqueta bajo sus pies cansados.

4.        La memoria: mi abuelo tenía la memoria frágil para lo de hoy y hechicera para lo de antaño. Tenía memoria selectiva y memoria redundante. Tenía la memoria atestada de recuerdos inconexos. Tenía la memoria henchida de mi abuela.

5.        Las manos: mi abuelo tiene, en mi memoria, las manos en blanco y negro. Tenía manos de lo que era: un anciano. Éstas tenían dedos largos y expresivos, dedos enérgicos, dedos marchitos. Tenía en las palmas arrugas finísimas y en el dorso de ambas manos la piel quería ser papel de Biblia. Las manos de mi abuelo eran hermosas: manos con carácter.

6.        Los ojos: hacía mucho tiempo que los ojos de mi abuelo se habían vuelto completamente inútiles. Tercamente inservibles. Miraban velados, gris-azules y tristes. Los ojos de mi abuelo lloraban con frecuencia, cuando la memoria, traicionera, se le desbordaba de mi abuela.

7.        El carácter: el carácter de mi abuelo era bastante complicado. Era bromista pero era pesimista; era débil pero era luchador; era temeroso pero también osado. Y, sobre todo, el de mi abuelo era el carácter de todo un caballero.

8.        La voz: mi abuelo tenía una voz no más especial que la del común de los mortales. Sin embargo, las inflexiones y modulaciones características de esta voz se nos antojan inolvidables. Su voz adquiría matices de enfado al mentar a Zapatero y se revestía de fe al mentar a Dios. Su voz era un poco rasposa y, cuando se traducía en risa, se debatía ruidosa y contagiosamente entre la contención y la explosión.

Blog de WordPress.com.