Chinches en el Espejo

febrero 3, 2009

A.G.T. (1ª parte)

Filed under: Fragmentos,Propio,Relatos — chinchesenelespejo @ 11:50 pm

Esta mañana, a las 7 en punto, Antonio González Trujillo ha salido de casa dando un portazo y con un regustillo a tostada quemada en la boca. Su mujer, que por una dramática e impepinable coincidencia también se llama Antonia, se había levantado con el pie izquierdo a las 6:35 de la mañana. Incluso antes de que su marido la castigara físicamente por el terrible desliz en la preparación del desayuno, más aún, incluso antes de ponerse a regular la temperatura del grifo de la ducha, nada más poner en contacto la planta de ese mismo pie con la desagradable superficie del antideslizante con forma de huella de rana, ya intuía que, varias veces a lo largo de aquel día, se iba a sentir terriblemente culpable por haber nacido.

Para las 7 horas 2 minutos Antonio González Trujillo (A.G.T.) ha comenzado a hinchar sus venas con nicotina; para cuando recorre 507 de los 509 metros que lo separan de la estación del metropolitano, casi ha terminado el cigarrillo. No le gusta dejarlo caer al suelo y aplastarlo de un pisotón, no señor. En realidad, uno de los más deliciosos placeres de la vida diaria de Antonio consiste en colocar la colilla, todavía humeante, entre los dedos pulgar e índice de su mano izquierda –no porque A.G.T. sea zurdo si no precisamente porque se esfuerza constantemente por evitar la atrofia del segmento naturalmente menos desarrollado de su musculatura– para lanzarla exactamente dos metros más adelante. Siente que su día realmente ha comenzado, y exhala un suspiro de satisfacción, cuando apaga su Ducados mañanero con la suela del zapato justo antes de comenzar a descender la escalinata del metro.

Antonio González Trujillo se considera afortunado por tener un buen empleo y se siente orgulloso de ser el sustentador único del pequeño núcleo familiar que conforman Antonia y él. El suyo es, por cierto, un trabajo poco común –o, al menos, poco conocido por el gran público–: A.G.T. es visionador. Esto es, que se ocupa de visionar las cintas de las cámaras de seguridad instaladas en bancos y entidades similares. La empresa de circuitos cerrados para la que trabaja, Nocvisión, ofrece a sus clientes el servicio extra de controlar los vídeos de los aparatos que están bajo su supervisión. Así, todos los días, en turnos rotativos de 8 horas, Antonio se dedica a inspeccionar, con su escrupulosidad característica, las secuencias captadas por diferentes cámaras de seguridad en todos los barrios de la ciudad. Es un trabajo rutinario y hasta se podría decir que aburrido, porque aun cuando le parezca ver algo sospechoso en alguno de los vídeos lo único que el protocolo le permite hacer es marcar el número de la Policía.

 

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enero 30, 2009

Puertos de conexión

Filed under: Propio,Relatos — chinchesenelespejo @ 2:06 pm

–Así que “la actriz Valeria Arregi desmiente los rumores de que haya una tercera persona relacionada son su ruptura con el empresario Nacho Merino”, ¿eh? –dijo con tono indignado una voz masculina al otro lado del teléfono.

–Jacques, yo… –titubeó Valeria. Se mordió el labio, en un esfuerzo por intentar buscar una respuesta adecuada.

–No digas nada. Tu silencio es suficientemente elocuente.

El pitido del teléfono cuando alguien cuelga bruscamente es aún más punzante que el frío asesino que el aire contaminado de la Gran Vía no consigue apaciguar. A veces le gusta caminar por el centro neurálgico de la ciudad, sorteando peatones, escapando del estrés de su vida diaria zambulléndose en el torbellino de estrés en que giran las vidas de otros. En ocasiones, lo absurdo de las cosas sólo se ve si se adopta otra perspectiva. Mientras anda se siente escudada dentro de una burbuja irrompible, inmune a las embestidas del ajetreo mundano. La gente sólo repara en su existencia si se choca frontalmente con ella. Le encanta que, detrás de las gafas de sol estilo Lennon, la vida se vea del color de las películas antiguas.

Valeria supone que son más o menos las cuatro y media de la tarde y que Jacques está viendo alguno de los programas de sobremesa con los que le gusta mantenerse informado acerca de su propia vida. Ella tiene la sospecha de que está con el dedo siempre encima del botón “REC”, preparado listo ya para inmortalizar los momentos estelares de su afectado rostro en la pantalla. Valeria suele levantarse del sofá e irse a redepilarse las cejas al cuarto de baño, o a poner a hervir un té para dos que terminará sorbiendo a solas. A veces, incluso, opta por enclaustrarse en el dormitorio, imbuirse del pálido gris de las paredes y acariciarse la soledad de entre las piernas. Casi siempre deja la habitación un poco menos ella.

Suele ser cierto que los hombres se refugian en el regazo femenino; que aun en los más climáticos momentos de salvajismo lo único que buscan es la calidez del abrazo. Al menos, eso era lo único que Valeria había conocido de los hombres: su amor egoísta, su amor embustero, un amor que sólo anhela la confusión de los cuerpos para el esclarecimiento de los propios fantasmas. A ella sólo le consolaba cuantificar el número de orgasmos, y esforzarse por esbozar sus más logradas interpretaciones.

Decidí que, para los 35, ya tendría tres hijos y el cuarto estaría en camino. Sin embargo, a mis 37, aparte de con un gato, sólo cuento con una agenda telefónica rebosante de números totalmente inservibles y apenas tres cumpleaños anotados en la memoria.

Basta con que me quieran, piensa. Basta con que se quieran un poquito menos y reserven un poco más de amor para mí. No mucho, lo justo para tener con qué arroparme los hombros en las noches frescas de verano. No mucho, lo justo para colorear de efervescencia, levemente, las mejillas. Apenas un poco de amor, suficiente para que mis yemas yermas encuentren sentido a las aristas de unas caderas que se despiertan cada día más frías.

Una lluvia muy fina, una lluvia que parece pedir perdón por las molestias, le da las buenas tardes. Valeria saca la puntita de la lengua para probar la acidez del mundo. Después la saca entera.

Camina por entre calles conocidas hasta llegar a otras desconocidas, y entonces su ánimo parece no hacer pie. La lluvia arrecia. Los tacones la guían hasta un pequeño café regentado por un filibustero de la peor calaña.

Si sólo pudiera conseguir fuego…

Una mano se acerca telepáticamente. Surge la llama, pequeñita. La mano es peluda sin pasar a la categoría animal, analiza. Descubre que una barba puede ser lustrosa al observarla de cerca. Le entran ganas de tirar suavemente de ella, de comprobar si es de verdad ese adorable y desordenado cúmulo de vellos. El humo intruso en los ojos la sienta de culo en el inhóspito taburete giratorio de la realidad.

–Soy un gran admirador suyo –dice la voz que resuena bajo la barba–. Me llamo Tomás.

Tomás tiende su mano derecha y Valeria se la estrecha, catalogándolo, más por instinto que por empirismo, como un hombre de verdad. El maquillaje oculta el rubor. Bendito seas, Max Factor, una y mil veces. De pronto se da cuenta de que no ha respondido nada. De pronto se da cuenta de que no sabe cuál es la respuesta apropiada en una situación que, sin ser nueva, se le atasca.

–Tal vez le parezca un atrevimiento por mi parte, señorita, pero… –duda. Desciende al estrato de lo humano. Valeria asciende.

–Se lo agradezco mucho. De verdad –dice, efusiva; y no miente en absoluto. Además, le ha llamado señorita (¡!).

Tomás se revuelve en la banqueta, un poco agitado. Parece debatirse con las palabras.

–¡Pero es cierto! Yo… No sé. Siento que tiene usted una sensibilidad especial –murmura. Y, aunque su voz es trémula, sus ojos traslucen honestidad–. Jamás había sentido tal conexión con una persona que estuviera subida a un escenario.

Apura su vaso de un trago brusco y busca su chaqueta con premura. No sabía que iba a soltar aquello hasta que lo hubo hecho. Intuye haber dicho algo inapropiado, pero es sólo que jamás se ha desnudado de aquel modo frente a una mujer. Por su parte, Valeria intuye que si esas manos grandes, esa voz ajada y esa pulcra barba salen por la puerta del café, ella sólo podrá reencontrarse con ellos en el mundo inaprehensible de los recuerdos. Comprende, en dos microsegundos de superlucidez, que esas manos, esa voz y esa barba adquirirán muy pronto tintes deslavados de irrealidad. Y conocer a Tomás es lo más real, lo único real, que le ha pasado en mucho tiempo.

 

 

enero 21, 2009

“Piano Man” Translation Duel

Filed under: Propio,Uncategorized — chinchesenelespejo @ 5:36 pm

It’s nine o’clock on a Saturday                                           Anochece en el bar de la esquina,

The regular crowd shuffles in                                             la clientela comienza a venir.

There’s an old man sitting next to me                               Hay un viejo sentado a mi lado

Making love to his tonic and gin                                        seduciendo a su copa de “gin”.


He says, “Son can you play me a memory                        Dice: “¡Chico, cántame un recuerdo!”.

I’m not really sure how it goes                                           No sé muy bien cómo es,

But it’s sad and it’s sweet                                                     pero es dulce y es triste

And I knew it complete                                                       y mis ropas de ayer

When I wore a younger man’s clothes”                             solían saberlo muy bien.


Sing us a song you’re the piano man                       Aporrea otra vez tu piano,

Sing us a song tonight                                                    Cántanos esa vieja canción.

Well we’re all in the mood for a melody                Nuestro humor acompaña a la

                                                                                                                                      [música

And you’ve got us feeling alright                               y nos sentimos ya mucho mejor.



Now John at the bar is a friend of mine                             John, el dueño, es muy amigo mío,

He gets me my drinks for free                                            me deja beber sin pagar.

And he’s quick with a joke or to light up your smoke      Y a pesar de encenderme el tabaco y las

                                                                                                                           [risas,

But there’s someplace that he’d rather be                        querría estar en otro lugar.


He says, “Bill, I believe this is killing me”                         Dice: “Bill, esto me está matando”,

As a smile ran away from his face                                      mientras su risa trata de huir.

“Well, I’m sure that I could be a movie star                     “Podría ser una estrella de cine

If I could get out of this place”                                            si lograse marcharme de aquí”.


Now Paul is a real estate novelist                                       Paul es un novelista en el paro

Who never had time for a wife                                            sin tiempo para una mujer,

And he’s talking with Davy, who’s still in the Navy          y está hablando con Jimmy, que sigue en

                                                                                                                            [la mili

And probably will be for life                                                 y no tiene intención de volver.


And the waitress is practicing politics                                La camarera critica al Estado

As the businessmen slowly get stoned                               con un hombre embriagado de alcohol.

Yes they’re sharing a drink they call loneliness                Sorben juntos un cóctel de Soledad,

But it’s better than drinking alone                                      que sabe más dulce entre dos.


Chorus                                                                                   Estribillo

It’s a pretty good crowd for a Saturday                             Es un grupo muy bueno para un sábado,

And the manager gives me a smile                                     y el jefe empieza a reír:

Cause he knows that it’s me they’ve been coming to       sabe que están aquí sólo por verme a mí,

                                                           [see

To forget about life for a while                                             y les acecha la vida al salir.


And the piano sounds like a carnival                                  Cuando las notas suenan a carnaval

And the microphone smells like a beer                              y apesta el micrófono a “gin”,

And they sit at the bar and put bread in my jar               se acomodan en torno al piano

And say “Man what are you doing here?”                         y dicen: “Tío, ¿qué haces tú aquí?

Billy Joel                                                                                Mi versión

 ——————————————————————————————————————————-

 Esta es la historia de un sábado
de no importa que mes
Y de un hombre sentado al piano
de no importa que viejo café.

Toma el vaso y le tiemblan las manos
apestando entre humo y sudor
y se agarra a su tabla de náufrago
volviendo a su eterna canción

Toca otra vez viejo perdedor
haces que me sienta bien
es tan triste la noche que tu canción
sabe a derrota y a miel

Cada vez que el espejo de la pared
le devuelve mas joven la piel
se le encienden los ojos y su niñez
viene a tocar junto a él

Pero siempre hay borrachos con babas
que le recuerdan quién fue
el mas joven maestro al piano
vencido por una mujer

Ella siempre temio echar raíces
que pudieran sus alas cortar
y en la jaula metida, la vida se le iba
y quiso sus fuerzas probar

No lamenta que de malos pasos
aunque nunca desea su mal
Pero a ratos con furia golpea el piano
y hay algunos que le han visto llorar

Estribillo

El micrófono huele a cerveza
y el calor se podría cortar
solitarios oscuros buscando pareja
apurándose un sábado mas

Hay un hombre aferrado a un piano
la emoción empapada en alcohol
y una voz que le dice: “pareces cansado”
y aún no ha salido ni el sol

Estribillo

Ana Belén

enero 13, 2009

The Truth of the World

Filed under: Fragmentos — chinchesenelespejo @ 5:47 pm

“(…) Harry was crying by then, Tom said, and for the rest of the dinner he talked about Flora, remembering the last tormented day he’d spent with her before going off to prison. She was in the middle of another crack-up, spinning into the mania that would eventually land her in the hospital for the third time, but she was still lucid enough to recognize Harry as her father and talk to him in cogent sentences. Somewhere or other, she had come across a set of statistics that calculated how many people in the world were born and died each second on a given day. The numbers were stupendous, but Flora had always been good at math, and she quickly extrapolated the totals into groups of ten: ten births every forty-one seconds, ten deaths every fifty-eight seconds (or whatever the figures happened to be). This was the truth of the world, she told her father at breakfast that morning, and in order to get a grip on that truth, she had decided to spend the day sitting in the rocking chair in her room, shouting out the word rejoice every forty-one seconds and the word grieve every fifty-eight seconds to mark the passing of the ten departed souls and celebrate the arrival of the ten newly born.

Harry’s heart had been broken many times, but now it was no more than a pile of ashes clogging up a hole in his chest. On the final day of his freedom, he spent twelve hours sitting on his daughter’s bed watching her rock back and forth in the chair and alternately shout the words rejoice and grieve as she followed the arc of the second hand that moved steadily around the dial of the alarm clock on her bedside table (…)”.

 

From The Brooklyn Follies, by Paul Auster

enero 4, 2009

El amador tenaz

Filed under: Propio,Relatos — chinchesenelespejo @ 6:09 pm

Era tan sencillo no quererla… Pero a mí siempre me habían gustado las cosas difíciles, que supusieran un reto para mi carácter y probaran los límites de mi paciencia. Por eso, durante mucho tiempo, me empeñé infructuosamente en amarla con locura.

Nos conocimos de la forma más vulgar posible (la noche en que nuestros cuerpos se anticiparon a los sentimientos juramos que inventaríamos una anécdota digna que contar a nuestros nietos). Me la encontré una noche de sábado vomitando sobre la acera, con el pelo empapado en sudor refulgiendo a la luz de las farolas. Sólo una estrella se dignaba brillar en el cielo, pero fue suficiente: me arrastró dulcemente hasta su casa y se quedó dormida nada más rozar las sábanas. Teniendo en cuenta que no iba a conseguir colaboración por su parte, la lógica me indicaba sabiamente que me fuera; sin embargo, algo en la fuerza de su respiración desacompasada me anclaba a la cama. Luché con el sueño durante horas, ansioso por beber todo el olor que desprendía su piel. Creo que fue aquella noche cuando me enamoré de sus axilas, disfrazadas de algodón por la osadía de la luna. La casa no tenía persianas: a la mañana siguiente me contaría que le encantaba despertarse con el saludo del sol.

– ¿Qué haces aquí todavía? – me dijo cuando amaneció. Creí que estaba avergonzada por el deplorable estado en que la había visto la noche anterior, pero en honor a la verdad diré que ella siempre se empeñó en no quererme nada. Aún así, me invitó a café, y yo descubrí que sus ojos olían a avellana. No volví a mi casa hasta cuatro días después, y fue únicamente para recoger un par de cosas.

Ahora que ella me ha dejado me veo obligado a quererla aún más. Y no sólo a ella: adoro también sus desplantes, sus desaires, su risa despectiva, sus ojos de gata en celo, sus lágrimas gruesas, sus zarpazos en el alma y sus disculpas medio rotas. Adoro cada adoquín que recubre su calle y cada meada de perro dibujando contornos en las esquinas (reconozco en cada una la marca de Tor, aunque sé que es imposible porque hubo que sacrificarlo hace medio año). Imagino el eco de su risa en la frutería –era adicta a las manzanas Golden– y me deleito sondeando hábilmente a María, la frutera. Disfruto del frío invernal en mi rostro, porque sé que el aire la ha mimado también a ella. Llevo una rosa blanca prendida de la chaqueta cada día, por si la Fortuna me sonríe desde su rostro al doblar cualquier recodo. Amo la ranura del buzón porque me recuerda a su entrepierna. Lo más sencillo es no quererla, pero yo soy un luchador.

“Mario,tnems q verns.A las 5 n l parq”

Escueta. Directa. Exigente. En su línea.

17:06h. Llega tarde. En su línea. De repente oigo un ronco ladrido; giro la cabeza y la veo, tirando de una correa de cuyo extremo tira un perro, un gran Gran Danés. Qué pronto has sustituido a Tor, maldita.

Me inclino para besarla en la mejilla, pero ella se aparta.

–Mario, he venido solamente a decirte que quiero que me dejes en paz –vacila. (Escueta, directa, exigente: en su línea)–. Si no, voy a tener que dar parte a la Policía.

Su petición me deja totalmente aturdido. ¿Qué quiere decir? ¿Se ha vuelto loca? No sé qué responder; me limito a mirarla fijamente y advierto que ha engordado. Apenas unos milímetros más de contorno de cintura, pero es que yo conozco su cintura al milímetro.

–¿Estás embarazada?

Ella parpadea, la boca ligeramente abierta. Se recompone enseguida.

–Eso no viene al caso ahora. Mario, ¿has escuchado lo que te he dicho? Que QUIERO QUE ME DEJES EN PAZ.

–Ha sido él, ¿verdad? Él te ha preñado y encima te ha regalado este monstruo –casi afirmo, señalando al enorme perro–. Has barrido a Tor de tu vida lo mismo que me has barrido a mí. A escobazos. Como si fuéramos basura –escupo esta última palabra mientras una lágrima tiembla en el abismo de mi párpado.

–Mario, por favor… –un velo de culpabilidad parece empañar sus ojos durante unos momentos–. No hay ningún “él”. Y, aunque lo hubiera, no sería asunto tuyo: tú y yo no estamos juntos. Nunca lo hemos estado, de hecho. Apenas fueron un par de noches, Mario.

La lágrima traidora se retrae ante tamaña ofensa: ¿cómo que nunca estuvimos juntos? Lo que yo decía: esta chica está loca, está completamente loca. Y sigue hablando.

–Al principio pensaba, simplemente, que ya se te pasaría (todo el mundo tiene derecho a enamorarse y a dolerse si no es correspondido). Pero en los últimos meses esto se te está yendo de las manos, Mario: ya no son sólo las llamadas de teléfono, si no las cartas, el chocarme contigo en cada esquina, los mensajes… Ni siquiera ha servido de nada que cambie de número, porque, no sé cómo, lo has vuelto a conseguir. ¡Mario, DÉJAME VIVIR, por Dios! –calla para coger aire–. Y te juro que ésta es la última vez que te lo digo: si no lo haces, te lo repito, tendrás que atenerte a las consecuencias.

Da media vuelta y se marcha por donde ha venido. Se aleja de mí. Contonea las caderas. Me endurezco. La quiero. Aunque ella se niegue a aceptar sus sentimientos, yo he de mantenerme firme. Sé que pesa sobre mis hombros la dura carga de mantener a flote nuestro amor: ahora más que nunca he te tener fe, y tenacidad, por los dos.

En la ciudad, de noche

Filed under: Propio,Relatos — chinchesenelespejo @ 12:49 am

…otra vez vuelves a casa toda morada esto no puede ser la luz de las farolas choca con tus ojos y tú consideras la idea de decirles hey señoras dejadme en paz se ríen las muy putas van más pedo que la madre que las parió las viejas estas una despedida de soltera tenía que ser GILIPOLLAS en la puta cárcel te has metido voluntariamente tú estúpida entre rejas te has metido y le has puesto un candado a tu chocho tía que no te das cuenta pero al menos tú tienes alguien que te quiera yo no tengo más que una gonorrea que me haga cosquillas por las noches crees que te has equivocado de calle y rectificas y reculas y reemprendes el camino más correcto hasta la puerta de tu casa pero no puedes subir no hasta que no se te pase este morón el lunes lo dejo esto de los porros no puede ser bueno qué pasa tío qué coño estás mirando un viejales te está mirando o eso o está bizco lo que prefieras tronca pero a mí déjame en paz mejor que no se te acerque porque a ti no te toca las narices ni dios con botas eh tú guapa qué haces sola a estas horas nena nena te dice ese tío se cree un james dean cualquiera y le falta hasta el tupé tu pelo no te deja ver te lo tienes que apartar de la cara pero te pesa tanto la mano te pesa tanto que parece una roca tienes una roca en la mano una mano en la roca stonegirl podrías ser la nueva superheroína postpostmoderna nada de heroína no no nada de heroína el subconsciente te traiciona pero bastante tiene tu madre con tu hermano piensas como para engancharte tú y bastante tienes tú con los porros y mejor que te mentalices de que el lunes los dejas bueno el lunes no cuando se te acabe la maría mejor sí eso cuando se te acabe y luego sin más si alguien te ofrece tampoco vas a hacer el feo no no hay que ser descortés con los colegas generosos paso a paso tía paso a paso que las cosas no se pueden cortar de golpe que seguro que ni es sano ni nada te está empezando a doler la cabeza el mismo martillito de siempre no es como un martillo de minero con una gran cabeza es más bien un martillito pequeñito como de gemólogo gemólogo tronca de dónde te habrás sacado esa palabra si a veces hasta soy culta y todo psé un martillo pequeñito cling cling cada dos segundos en tu sien izquierda cling cling sólo en la sien izquierda qué funciones habrá en la parte izquierda del cerebro creo que lo mejor sería dejar de ver pero dejar de oír nunca eso sí que sería una putada pero total para lo que hay que ver mejor estar ciega desde luego hablar también es importante aprender a estas alturas lenguaje de signos menuda pereza y nunca he sido buena estudiante para eso valía juan pero ya ni le quedan neuronas ni le quedan ganas ni le queda nada por quedarle no le queda ni tiempo que con la vida que lleva tiene los días contados ni el tiempo es gratis que aquí estamos todos de prestado MALDITOS CAPITALISTAS vaya mierda de mundo PUTA GLOBALIZACIÓN hostia casi me caigo a ver respira hondo y tranquilízate ya llegas hora y media tarde a casa seguro que tu madre te ha estado llamando al móvil no sabe que lo tienes en silencio para que no te dé la tabarra y ahora encima subir a casa y que la vieja me dé la tabarra igual tengo algún mensaje de kike no no paso de mirarlo es que me da igual tronca que hagas lo que quieras que somos libres yo hago lo que quiera y tú haces lo que te dé la gana amor libre sabes qué coño amor libre lo que tienes tú muy libre es la polla cabrón que tiene vida propia polla autónoma y cerebro a pilas eso es lo que tú tienes muñequito hinchable desde luego quién me manda a mí quién me manda a mí liarme contigo seguro que te ha contagiado él de repente te das cuenta claro cómo no has caído antes puto kike el dios de las lombrices y seguro que lo sabía no me puedo creer que no lo supiera se va a enterar cuando lo pille le voy a estrangular esos huevos infectados que tiene tu cabeza te duele la cabeza cling cling martillito abriéndose paso cráneo adentro cling cling se está inclinando la acera plof al suelo no pasa nada estás más cómoda y seguro que así se te pasa antes el morón colchonería adolfo puto adolfo y las luces de su tienda vamos a ver que es de noche tronco que es de noche por qué narices tienes las luces de la tienda encendidas DE NOCHE que estamos en crisis que no te va a comprar ni cristo y tú gastando luz y más luz que bastante tenemos con las luces de navidad las luces de navidad te desatornillan los párpados que caen con la pesadez de persianas tienes tanto sueño tanto dolor de cabeza y aunque intentas levantarte porque tienes que ir a casa las piernas te dicen que ellas votan por el suelo y una voz te habla desde el otro lado de tu sien izquierda cling cling guapa asamalajá mig malakuyá ezehre mmm guapa y tú le dices a la voz que vuelva otro día que ahora estás ocupada no por favor sí sí y de repente sientes frío como si alguien hubiera abierto una ventana a la altura de tu pecho y de repente sientes una mano a la altura de tu pecho y de pronto comprendes y quieres gritar pero una mano bloquea el paso de tu voz a la altura de la boca y…

diciembre 27, 2008

La niña que quiso ser agua

Filed under: Propio,Relatos — chinchesenelespejo @ 3:13 pm

Mi hermana mayor decía que la lluvia tenía cada día un sabor diferente. Y cada día mi madre y ella se peleaban precisamente por aquel motivo. Que te pongas el chubasquero, que no me apetece. Que desempolves el paraguas, que no me da la gana. Que te calces el sombrero, que no quiero. Argumentaba mi hermana que, empapelada como una cebolla, era imposible sentir aquella lluvia fina como lluvia de alfileres. Pero ¿para qué quieres sentir eso, niña?, le gritaba mi madre, desesperada. La niña se escondía tras sus trenzas rubias, de hebras tan finas como lluvia de alfileres. Y callaba, de vergüenza. Era demasiado mayor para que la oyeran hablando de hadas.

Mi madre era de las de mejor prevenir que curar, y, así, las dos pequeñas salíamos a hacer recados escudadas tras sendas bufandas. Éstas solían variar de otoño en otoño, puesto que la tía Remedios era una fanática de la lana. La del 88 fue la Navidad de las rayas; en el 87 habíamos lucido lunares (por mucho que insistiera, la tía nunca contaría a mi madre cómo lograba hacerlos); y tanto el 89 como el 90 fueron años de bufandas jaspeadas. Pero una vez hubiéramos doblado el recodo, y hubiéramos perdido de vista a mi madre, que nos saludaba con la mano desde el balcón, al otro lado de la ría, mi hermana se desembarazaba de la suya con un golpe de muñeca que yo nunca fui capaz de imitar. Era visto y no visto. Era la niña de las anginas.

Años más tarde, mi hermana me confesaría la razón de su afición por la lluvia. Habíamos decidido vernos en un viejo café, mítico en el barrio, porque estaba a punto de cerrar sus puertas para siempre (la pareja de ancianos que lo regentaba estaba ya ansiosa por jubilarse y, al parecer, sus hijos tenían más altas miras). Allí, envueltas en el clima de confianza que propiciaban los vapores del chocolate caliente, embriagadas por el humo que seguía empeñado en agrietar las añejas vigas, me confió entre risas por qué de pequeña dejaba que su piel chupara diariamente gotas de lluvia: para llegar algún día a mimetizarse con la ría. Y es que ella siempre había querido ser Lamia.

0013

diciembre 18, 2008

If

Filed under: Uncategorized — chinchesenelespejo @ 4:55 pm
If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you;
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or being lied about, don't deal in lies,
Or being hated, don't give way to hating,
And yet don't look too good, nor talk too wise:

If you can dream -- and not make dreams your master;
If you can think -- and not make thoughts your aim;
If you can meet with Triumph and Disaster
And treat those two imposters just the same;
If you can bear to hear the truth you've spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to, broken,
And stoop and build 'em up with worn-out tools;

If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breathe a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: "Hold on!"

If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with kings -- nor lose the common touch,
If neither foes nor loving friends can hurt you,
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds' worth of distance run --
Yours is the Earth and everything that's in it,
And -- which is more -- you'll be a Man, my son!

Kipling

Los únicos

Filed under: Propio — chinchesenelespejo @ 4:45 pm

Aquellos eran los payasos de la desolación, y la pequeña no se atrevía a aproximarse. Cada día se aventuraba más cerca, pero siempre giraba sobre sus talones y corría a hacerse un ovillo en el quicio del gran portón de la iglesia. Desde allí los observaba, y alargaba la frágil cabecita en vanos esfuerzos por escuchar sus bromas. Se merendaba las lágrimas.

Lo que más pena le daba era saberse la única. Para el resto de la gente, para aquellos habitantes sin rostro que merodeaban por la ciudad de la amargura, los payasos no eran más que molestos fantasmas de otra época. Una época mejor, una época en la que el color teñía los bancos de la plaza, en que los ojos de los niños huían de las sombras. Una época en que los perros se atrevían a reír. La niña no había conocido aquella época, y sin embargo la tenía prendida entre los labios, sin saberlo; lo que sí sabía era que aquel aburrimiento mortal de viandantes, escaparates, vagabundos, piedras y paradas de autobús debía ser un espejismo. A lo que ella se aferraba, en la soledad que llevaba cuatro años mamando, era a aquella visión, inquietante por desconocida, de tres hombres que tenían la osadía de dar saltos con sus chillonas pelucas mientras dejaban que unas lágrimas del tamaño de uvas maduras les estropearan el maquillaje.

diciembre 17, 2008

Confusión semantico-sentimental

Filed under: Propio — chinchesenelespejo @ 4:31 pm

Me hacen cosquillas en la nariz, tus espinas.

Me hacen el amor tus espinas, en las cosquillas.

Me cosquillean tus espinas en la nariz, mi amor.

Me cosquillea el amor, mi vida.

Me acaricia las espinas tu amor, vida mía.

Me duelen en la vida tus espinas, amor.

Y en el llanto más desgarrado,

en las narices del amor,

me devano las espinas,

tus espinas,

una a una.

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